miércoles, 28 de octubre de 2009

El pájaro de plástico

Estoy en la cama, oyendo voces en la sala y sin poder salir de aquí, de aquí dentro de mí. Un pájaro azul se me sale de la imaginación, como si lo mandara yo, cual corresponsal, ahí a donde está la voz; pero pronto desaparece, se revienta en el aire, no muy lejos de lo alto de mi cabeza, como un globo de plástico.

Entonces corro por el parque oscuro, recto y rectilíneo, pero curvamente tubular. Corro porque me está persiguiendo ese sonido de trueno que chispea de luces por ahí arriba, más alto del túnel que no se puede superar. Pronto se vuelve una dona, el tubo o túnel recto, rectilíneo, por no decir curvolar.

De curvolar a sobrevolar se pasa fácil, así como al recuerdo del pájaro azul que en la explosión de plástico no pudo volar.

Al final del día, abro el periódico, me bajo los pantalones y en la banquita del parque me siento a cagar.

martes, 27 de octubre de 2009

3

El ojo en el vaso de agua está llorando, no de tristeza, sino de ansiedad.

El devenir. Mis recuerdos en una piscina, las fotos que flotan desvanecidas por la realidad; el color sepia del servicio mandado a hacer que se derrite en el agua como barniz: piscina contaminada, piscina- chapopote.

Me da risa la muerte que no es para siempre.

Hago de todo por hablar de la nostalgia, pero la nostalgia que hay en mí me parece falsa: piscinas, fotos, sepias. ¡Cuanto sería bello nadar con unas sepias!

Las sepias no son medusas.
Los pavos reales no son avestruces.

La historia de Adriana me prometí no contarla.
Adriana está casada desde hace 20 años. Un día se vuelve loca y el marido y los hijos la abandonan.
Adriana es espantosa, un molusco, dice mi mamá. Pero un primo de ella que vive en Acapulco se propone ayudarla, y así Adriana se vuelve un barman acrobático. "¿Y no has sabido nada de Adriana?" me pregunta mi mamá, "me quedé muy intrigada", dice.

Me gustaría sentir nostalgia por Adriana, pero de ella nunca me ha importado nada. En cambio, los colores, cuánto me resultan conmovedores, sobre todo los del cielo.

Ya se acerca la temporada de niebla.
Quanto è bella la nebbia nella mia città.
La mia città.

domingo, 25 de octubre de 2009

2.

Las rodillas, el dolor, el cansancio, las plantas muertas del domingo y mi amiga en su descapotable gris.
Sh. No sucede nada, es domingo. El sol está pegando duro, ya huele a quemado. Mi amiga trabaja de modelo; los domingos se vuelve una muñeca de cera que se derrite en su coche.
la la la la la la la la la la la la la la la la la la.
La abuela, la plaza caliente, la iglesia.

**

Un sello rojo desde afuera me está aplastando la mente.
Adentro y afuera.

La casa de la amiga de la tía Loreyna parece muy grande pero ha de ser muy chica. No se entiende bien si es una sala si es una tienda si es un patio si es un vestidor. Las camas se encuentran encerradas en armarios cuyas puertas enrejadas dejan todo entrever. El área es muy grande, es una sola pieza, varios armarios están como encastrados en las paredes, paredes sin lógica que surgen al improviso, solas, al azar. Me parece que en esa casa todas duermen juntas: la abuela, la madre, la hija, etc., etc.
La amiga de la tía Loreyna es una pintora, me acuerdo muy bien de ella y de su casa, aunque no creo que exista. ¿Sabrá la tía Loreyna que en mi cabeza ella tiene una amiga que afuera no existe?

Adentro y afuera.

**

La gente que se comporta como si te conociera me angustia.

Más cuidado por favor, que me duele la garganta al pensar tan solo que, si me miro en el espejo del baño mientras me estoy lavando los dientes, y en ese momento pasa por la ventana abierta un avión, me pueden salir bigotes y un sombrero también.

**

Las nubes del cielo que se quitan y se ponen algún día dejarán de pegarse en el pizarrón.

sábado, 24 de octubre de 2009

1.

Estiro los brazos apenas me despierto que acabo de soñar con el mar crespo y las olas que me revuelcan que son mi cojín. El amarillo del sol, de los pies que se me han ido flotando y sin los cuales no me puedo levantar, está ahí desde hace un rato.
Tres, dos, uno.
Me siento sobre el borde de la cama. Todo es blanco: yo, mi pijama. Ningún calor amarillo. Ahora el recuerdo de la imagen no tiene color.

Je devrais expérimenter la poésie, mais je me sens vraiment coupable parce que je crois que c' est inutile.

La beauté: dernier remaining of an ilusion of life. How difficult it is se désacrocher d' elle; elle nous trompe et se fait passer par Amour.

La manía de hacer que todo sea visible: ¿Y si yo os quisiera confundir a todos, para haceros pagar esta confianza que le tenéis a las imágenes?
Me siento un inquisidor.

Sentirse algo que se asocia a un concepto cuyo significado indicado por el nombre se desconoce.
Singular.
Juego de palabras.
Preparar un cohete para salir de la esfera de las palabras.

Ejercicio 1: empezar a razonar sin palabras.

Primero me vuelvo el inquisidor de las imágenes (porca puttana! Ho spento il computer con internet con il dizionario della Real Academia Española).
Ahora quiero cazar palabras.
Pum.
Las palabras son pájaros que vuelan: las quiero matar, me las quiero comer. ¿sentiré el mismo calor, riempimento, digestión, adormecimiento, calda satisfacción que siento cuando me como un pato al horno?

À quoi bon tuer les paroles si ce n' est que pour ca?

Ejercicio 2: regresar frente a la televisión y mantenerla apagada. Permanecer ahí, con las palmas sobre los muslos, sin mutar expresión. Escuchar el sonido que emite la televisión apagada. Después de un momento, regresar frente a la televisión y mantenerla apagada. Permanecer ahí sin mutar posición (¿tienen posición los órganos internos del cuerpo? A veces pienso que tengo el corazón y la cabeza a la altura de las piernas, que andan paseando por ahí).

Continuo sin entender lo del coktail en la mano...