sábado, 21 de noviembre de 2009

7.


Trinity - Pharmacology, Physiology, Pathology  2000
Damien Hirst
Tate Collection


Dentro de mí, en la boca del estomago, algo se mueve y quiere salir. Es como un conjunto de burbujas duras que se me inflan, pero no sé de qué, y luego desaparecen, sin reventarse, no sé porqué.

Mi figura está sentada en la barra de un bar cualquiera; estoy tomando un café. Las burbujas siguen su curso, pero nadie se da cuenta, solo yo lo sé.

Cierro los ojos y gusto el sabor amargo del café que unto sobre mi lengua; desde hace tiempo, este ejercicio de un segundo es lo único que me amarra a la tierra, tal vez no a mí, sino a todos los demás objetos representados en mi mente. Es como si me confundiera a mí misma con los conceptos de mi mente, no con los conceptos de mí misma, no con la mente misma.

Pero luego las burbujas ya no están. Las he perdido de vista. La gente y los instantes se empiezan a multiplicar en el mismo espacio de antes. El ruido. La luces se van volviendo rosas y yo las voy percibiendo tan solo pixel por pixel, veloces ellos también, que no acabo de asimilar el uno cuando ya se me va echando encima el otro, como acuarelas digitales en espacios tridimensionales que, sobrepuestas, van eliminando la transparencia, el paso del oxigeno. Y la gente pasa, y mi taza sigue ahí en mi mano, pero luego ya no, porque solita se le avienta a alguien y luego a alguien más y luego el plato y luego el vaso y todo aquello que llego a alcanzar a todo aquel que llega a pasar.

Un poco me siento mal. Bajo del banco y salgo del bar.  Afuera todo es verde, y también blanco, como en una jornada sin sol en Paris. Y es que no llego a entender las burbujas de mi miedo de mi estomago porque a la gente no logro aprehender.

martes, 17 de noviembre de 2009

6.




Son varios días los que he pasado sin atar significados los unos a los otros. Solo movimientos de ritmos inciertos hay en mi cuerpo; solo un cuerpo tengo, que tal vez está vacío. Pero ya un humo violeta veo expandirse como un gas hacia las paredes internas del cilindro que es mi tronco- prisión. Una escalera en forma de caracol creo entrever. El humo se vuelve amarillo y el cilindro una discoteca. El tiempo es el de mis 15 años, mi imagen, la de una princesa que nunca fui.
Y eso es lo que me está pasando últimamente: veo imágenes de mí misma que mías no son, porque solo movimientos de ritmos inciertos hay en mi cuerpo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Te estaba esperando




Te estaba esperando Mateo, Mateo el viajero. Ya tenía yo los ojos cegados por ese sol, por ese eterno andar sin dirección  de la misma o de distintas lagartijas, cuando vi volar una mariposa, que era como esas mariposas de antes que ya ni recordaba, turquesa y violeta como las guitarras de los niños; y fue por eso que entendí que ya venías.
 
Te estaba así esperando Mateo, Mateo el triste, con este desierto inmenso por delante que es ahora mi patria, y mi prisión. Y es que nos ha dejado así, abandonados, el Tiempo: ya no hay viento que silbe o agua que corra; queda sólo la lagartija- ilusión que se repite en la arena dura, y el calor sin fuego que me condena sin cesar.

¿Lo sientes tu también, Mateo, el calor? Debimos haber sido culpables por igual para que se nos condenara al mismo calor. Veo que sufres de la misma hinchazón de pies y de ojos que me aqueja aquí, o tal vez es que estos ojos míos ya no ven más que un mundo hinchado, contenido y a punto de explotar. Ya te acostumbrarás, Mateo, al calor, porque te digo yo que éste no existe, y empezarás a desear cada vez más los baños calientes que te prepararé dentro de estas bañeras públicas, que son lo único que hay por aquí: estos baños son mi templo, y en mi templo la diosa soy yo.

Ven Mateo, debes tener hambre si has caminado todo el día. Recuerdo bien ese olor a pollo rostizado, a papas fritas con romero, a salchichas a las brazas, a calabazas, a manzanas, a limones y pasteles de almendras con cerezas y peras horneadas. Y el chocolate. Ven Mateo, Mateo hambriento, entra a mi humilde casa y deja que te lave los pies y te ofrezca donde reposar. Aquí no hay alimento.

Lo sé que estás ya recordando el frío Mateo, Mateo el nuevo, que lo estás sintiendo, que te estás volviendo casi azul; que deseas ya entrar en el agua caliente y para siempre dormir y evaporarte más allá de donde es posible ir. Lo sé Mateo, Mateo el inocente, que aún sigues creyendo, que aún tienes fe. Yo también sigo creyendo; yo también tengo fe.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Recuerdos de Sicilia


Hace algunos años, cuando le perdí el miedo al mar

DESDE DENTRO

Sólo un muro blanco
Sucio
De cemento
Y un piquete grueso
De animal
Que me rasca la panza
Desde dentro
En esta reciente
Nueva
existencia matutina.

Esa guitarra
Chueca de familia
Con las cuerdas rizadas
Como antenas receptoras
De la nada
No es un instrumento musical.

Es mi nueva
Casi peluda
Mascota,
Esa caja de madera
Generosa
Sin patas
Que duerme con mi osito de peluche.

Somos todos
Una familia de cosas
En este cubo inútil
Y sin tiempo
Desde dentro del muro
Sucio
De cemento.

**

LA OCTAVA RESTANTE PATA

Sobre la arena roja se arrastra la pata
De la sombra de una tarántula corta
Cuya garganta se le seca abierta
Y le raspa como grappa frita
De botella que le calienta
La octava restante pata
Lejana de la vista
De cualquier turista
O buen artista
Que la asista
insista
muerta.

**

APAGÓN

Dos dedos aplastan las bolas de mi garganta
Un gigante me quiere exprimir
Como a una pobre uva ganadora
De un premio de prestigio del año 2004.

Echo la cabeza hacia atrás.
Abro el cuello como una puertecita.
El gigante pierde el mérito.
Mis ojos y mis cables se me van.

**

LA ESTACIÓN MARINA (traducido del italiano)

Entre sucios y viejos vestidos de viaje
Una señora se resbala de mi mano;
El aire gris y nostálgico me envuelve
Y con algunas lágrimas que me reconfortan
Un grito negro cierra mi ciudad.

Fantasmas desnudos en el agua
Vuelan grotescos y sensuales
Como humo voraz de un rojo ideal
que se pierde en danzas paganas
y saca de nuestros ojos la luz vital

Surge el Tiempo: barba y pectorales.
Ruge y se infla furioso.
Me quiere golpear, me quiere matar.
Abre la carne y chorrea leche.
El Tiempo en llamas desaparece.

Cae un niño seco sobre el metal.
Muere otro niño verde vomitando.
Los ojos vacíos ven el fondo azul:
Es peligroso estar solos
Dormiremos los unos sobre los otros.

Cuerpos infantiles suspendidos
Duermen ahogados en sus propias lágrimas.
Se me aparece la Madre en un sueño
Y con los brazos abiertos me alejo
De la triste estación marina.

martes, 10 de noviembre de 2009

Palpitante azul

Comienza a chispear sobre una calle del centro, en un atardecer sucio de invierno.
Un hombre con capa y sombrero tiene una jaula con un pájaro amarillo en una mano y, en la otra, un altoparlante de circo con el que nos va llevando dentro por una puertecita verde, baja y estrecha. En esta escena no hay colores ni sonidos, solo un azul extraño que se mueve al ritmo de algo pero no alcanza a fijarse en ninguna parte.

Dentro hay una exposición de arte muy elegante. Ya el lugar está lleno y no cabemos todos. Hace frío. Dentro es solo una maqueta blanca y cuadrada con muñequitos que somos nosotros. El ritmo del azul es el del ruido de la gente; no escucho nada pero lo mismo se me interrumpe. 1000 muñequitos más se añaden y 1000 pedazos de espacio se quitan en 1000 fragmentos de tiempo que ocurren en un instante. La velocidad se concentra y yo me voy volviendo mala. Un organigrama gigante estampado en una pared blanca es la obra de arte, pero nadie la entiende. Y a nadie le importa. Yo no llevo mis lentes y no alcanzo a leer lo que está escrito en cada espacio. Muchas palabras están escritas en todos los cubículos de ese espacio blanco; el resto son líneas negras trazadas sobre el muro, proyecciones de diapositivas vacías y marcos para retratos sin fotos.

Ese arte me hace mal, me vuelve mala. Todo gira alrededor del alrededor. Las siluetas de la gente se engrandecen y se me echan encima: la del artista, la de mi padre, la del buen gusto, la de la cadencia de las voces de la tontería y la belleza, de la arbitrariedad de la belleza, del dominio de la belleza, de la belleza institucionalizada, inmovilizada. Y yo me siento más sola que nunca y me vuelvo mala y quiero quitarme a todos de encima y clavarles un puñal de arriba abajo y desangrarlos y pintar las paredes del azul sanguíneo del grito que se me está saliendo. Pero es a mí a quien abren y el corazón se me sale disparado por la ventana.

Camino sobre la calle que va al centro, en la noche mojada de invierno. Encuentro un corazón tirado que es el mio, lo recojo y le quito el polvo de encima. Veo que no le ha pasado nada. Me abro el pecho y me lo acomodo de nuevo, palpitante y azul.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Under construction






Mi deseo de eliminar la elaboración me llevó a una necesidad de elaboración.

I am under construction.

Attendere prego ...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

5.

Una iguana me persigue cada vez que salgo de casa. Camina detrás de mí con sus taconcitos altos, enciende y apaga cigarillos en continuación y va siempre buscando cosas en su bolsita blanca. Cuando estamos sentadas en el autobús, por fin le veo la cara y noto que va muy maquillada, siempre del mismo color del vestido que lleva puesto; hoy va de fucsia y, no sé porqué, de este color me parece pensar que es un hombre. Cuando estoy fuera me persigue y yo la observo. En cambio, cuando estoy en casa, a solas, pienso en ella. Quisiera fotografiarla, hacerle todo un servicio profesional con vestidos de colores y sobre todo sandalias variadas, acercarme a sus ojos y captar la esencia de la iguana de clase trabajadora. Porque, no sé porqué, estoy convencida de que trabaja en una oficina y es muy gentil y muy eficiente y hasta muy afectuosa con su jefe el señor Torta y no llega a fin de mes; de que por las noches da clases de baile hawaiano y aún más noche llega a casa y cocina una rica sopa a sus hijos, con quien también es muy afectuosa. No sé porqué, sus hijos no son iguanas, y tampoco su marido, que siempre está sentado y viste con camisas de rayas y tirantes y no tiene cabellos.

El problema es que cada vez que concibo en mi mente la exacta imagen que quiero fotografiar, pienso en la iguana, no como la veo todos los días, sentada en el autobús con sus taconcitos que no llegan al suelo, sino de pie, sosteniéndose con la mano en alto como todos los demás. Pero entonces el autobús se vuelve un autobús de iguanas, con todos los pasajeros iguanas y el conductor iguana, y los asientitos para iguanas, y yo que no quepo y mi iguana inicial que ya no está, porque ella no vive en esta ciudad de iguanas. Y entonces no hay nada que fotografiar.