viernes, 2 de junio de 2017

Los puentes de Rimbaud


Les Ponts

Des ciels gris de cristal. Un bizarre dessin de ponts, ceux-ci droits, ceux-là bombés, d'autres descendant ou obliquant en angles sur les premiers, et ces figures se renouvelant dans les autres circuits éclairés du canal, mais tous tellement longs et légers que les rives, chargées de dômes, s'abaissent et s'amoindrissent. Quelques-uns de ces ponts sont encore chargés de masures. D'autres soutiennent des mâts, des signaux, de frêles parapets. Des accords mineurs se croisent et filent, des cordes montent des berges. On distingue une veste rouge, peut-être d'autres costumes et des instruments de musique. Sont-ce des airs populaires, des bouts de concerts seigneuriaux, des restants d'hymnes publics ? L'eau est grise et bleue, large comme un bras de mer. - Un rayon blanc, tombant du haut du ciel, anéantit cette comédie.

Los puentes

Cielos grises de cristal. Un extraño dibujo de puentes, éstos derechos, ésos rizados, otros descendiendo oblicuando en ángulos sobre los primeros,  y estas figuras renovándose en los otros circuitos alumbrados del canal, pero todos talmente largos y ligeros que las ribas, cargadas de domos, se bajan y se aminoran. Algunos de estos puentes están cargados todavía de casuchas. Otros sostienen mástiles, señales, frágiles parapetos. Acordes menores se cruzan, y vuelan, cuerdas suben riberas. Se distingue un saco rojo, tal vez más trajes e instrumentos musicales. ¿Son éstos aires populares, pedazos de conciertos señoriles, restos de himnos públicos? El agua es gris y azul, amplia como un brazo de mar. Un rayo blanco, cayendo de lo alto del cielo, aniquila esta comedia.

Arthur Rimbaud , Les Illuminations

lunes, 15 de mayo de 2017

El carrusel



El carrusel

Ella está agarrada de los nervios
que saltan en órbita sobre mí.
Miedo no tengo
pero, aquí quieto, ya estoy viendo espejismos.

Un conejo parado
sobre el fucil del viejo Giò encontré.
Lo salvé con dulces
pero me di cuenta luego de que se estaba riendo.

En los confines de una pieza
escuchas todo como en la corte el rey.
Y listas están ya mil naves que por mil mares
sarparán.

Me doy la vuelta y entonces la veo a ella en el puerto,
ella que ya me estaba espiando.
Fui un loco por querer enseñarle
a no robar el alma.

Y donde termina e inicia el mar
hay un lugar en el que quisiera
vender suavemente palabras al sol
con ella sobre mi carrusel.

Y si el viento fuerte del mar levantara la arena
contrataría también mi libertad.

El carrusel se ha vuelvo loco
y el aire quema.
Quisiera bajarme pero
la vuelta ha apenas comenzado
y el juego tengo que aceptar.

Pero si al final veré la otra orilla del mar,
¿a quién expulsaré de mi alma?

*

La giostra

Lei, aggrappata ai nervi miei
Che stan saltando in orbita su me
Paura non ne ho
Ma fermo qui miraggi vedo già

E un coniglio in sosta trovai
Sopra il fucile del vecchio Giò
Lo salvai con dolci e poi
Mi accorsi che rideva

Nei confini di una stanza
Ti senti tutto come a corte un re
E pronte mille navi per mille mari
Salperanno già

Poi mi giro e in porto c'è lei
Lei che mi stava spiando già
Pazzo che insegnarle vorrei
L'anima non rubare

E dove finisce comincia il mare
C'è un posto dove vorrei
Vendere piano parole al sole
Sulla mia giostra con lei

E se il vento forte del mare la sabbia alzerà
Contratterò anche la mia libertà

La giostra è impazzita
E l'aria brucia
Potessi scendere giù ma
La corsa è appena incominciata
E il gioco accettare dovrò

Ma se l'altra sponda del mare alla fine vedrò
Chi scaccerò via dalla mia anima





Del album The missing fireflies de La Locanda delle Fate








viernes, 12 de mayo de 2017

Resplandores



1. En la profunda noche, la luz resplandece sobre la humedad. Sale del bar un viejo con su perro, un tiempo un neurótico y testarudo, hoy un pobre hombre agotado. La presión acumulada, jamás evacuada, bien escondida en lo más esencial de sí, se ha vuelto inmóvil. Lleva una carta en la mano, llena del vital afecto de su hija. No la puede soltar. El nudo de la garganta se vuelve un muro hermético. El oxígeno se le detiene dentro. La mano con la carta se tuerce, luego el cuello, la cabeza, la espina dorsal. El cuerpo desaparece.

 2. Estoy con mi madre frente al mar. No hay nada más que el agua, el horizonte y el cielo. La atmósfera es una nebulosa que resplandece dorada, plateada, rosada. Era el alba. O el atardecer. No importa. No es ya, no es solo, materia de mi memoria. Es un algoritmo presente en cada filamento vibrante que compone la realidad. Es el amor puro que resuena en mi corazón: "Tengo miedo del mar. Porque ruge".
 -Rúgele.                                                                      
"Do not go gentle into that good night. 
 Rage, rage against the dying of the light. "
Dylan Thomas.

miércoles, 16 de junio de 2010

Despedida de Roma II



Después de haber sido devorado, todavía en el sueño, me desperté y vi que había dejado de llover. El día era claro, como una pantalla de luz, y el sol muy blanco. Si alzaba la mirada, muy alto veía las copas de los árboles, las unas sobre las otras que, entre un espacio y otro, dejaban filtrar unos finísimos pero potentes rayos de color azul. Ahora me encontraba en un bosque de árboles pesados, en una parte muy profunda de éste: nada que yo hubiera podido reconocer se veía a lo lejos.
   
Sobre uno de los árboles había una casita de madera rosa que brillaba por los millones de espejitos que tenía incrustados. No tenía puertas, ni por atrás ni por adelante, y una rama curvada la atravesaba. Yo estaba ahí dentro, suspendido en algún punto de la rama y cubierto por un  capullo de mariposa. Un frasquito de vidrio con una luz dentro que en ningún momento había dejado de brillar estaba colgando junto a mí y me protegía.
   
Mi cabeza reposaba. Eso era porque unos hombrecitos vestidos de obreros estaban trabajando sobre mí, como si de una obra de construcción se tratara. Tenían unas escaleritas de su tamaño con las cuales alcanzaban mi cabeza y mi garganta. Eran muchísimos, y trabajaban todos al mismo tiempo. De mi garganta sacaban unas redes para pescar completamente sucias de algas y otras cosas verdes; tiraban y tiraban, pero parecía que las redes no se acababan. En el área de la cabeza, en cambio, trabajaban los electricistas. Llevaban puestos unos cascos y unos guantes de protección amarillos y estaban intentando conectar unos enormes tubos de plástico blanco. Todo eso hacían los hombrecitos, mientras yo me reposaba.

Después de varios días, mi capullo empezó a moverse de un lado a otro hasta desprenderse de la rama. Hubo una larga caída y, cuando llegué al pie del árbol, se oyó un golpe crujir sobre las hojas secas que ahí abajo descansaban. Abandoné así, para siempre, la casita rosa de los millones espejitos.

Luego de unos segundos, salí disparado del capullo. Una vez en el aire, sentía que el viento frío me llevaba de un lado al otro, suavemente, con una ligereza muy particular. No podía caer. Las alas se me desplegaron en un proceso muy largo; mucho tiempo pasé suspendido con las alas de cada lado que me crecían y se alargaban infinitamente, a penas la fuerza del viento las jalaba. Mi voluntad no intervenía, aunque tarde o temprano habría tenido que aprender a volar. Así, hubo un momento en el que el viento dejó de soplar y, en automático, supe que debía dejar de pensar para poder continuar. Me puse a volar en círculos y luego en línea recta, hacia arriba y hacia abajo. Finalmente me posé sobre una hoja seca, ahí en donde había caído. La luz de la casita se apagó. Con los ojos cerrados y las alas preparadas hacía atrás, visualicé una curva perfecta como un círculo, apagué por segunda vez el cerebro y me puse a volar a toda velocidad.

Tuve un aterrizaje forzado. Mis alas se volvieron húmedas y se aplastaron como mermelada contra el asfalto. Pensé que las había perdido, y así fue. Cuando el movimiento de mi cuerpo debido al impacto cesó por completo, yo, enroscado, empecé a desplegarme. Mi espina se estiró y mis extremidades se abrieron. Todas las articulaciones de mi cuerpo empezaron a crujir, como si estuvieran rompiéndose, y yo sentía ese crujir en mi cuerpo, pero no me dolía. Una vez completamente estirado y abierto, descubrí que era un hombre. Mis músculos eran enormes, mi piel nueva, casi transparente, jamás tocada por el sol.

De pronto llegó desde muy lejos un hombre pedaleando en una bicicleta. Hizo un círculo que yo seguí con la mirada, y luego se detuvo frente a mí. Me dijo: "tienes que estar siempre contento". Luego me abrazó, me dio un beso y se quedó así por un tiempo. Finalmente se fue. Fue así que, en medio de la niebla, empecé a caminar hacia mi nuevo hogar.

martes, 15 de junio de 2010

Despedida de Roma


Era de noche. El cielo estaba un poco rosado, un poco manchado, cubierto de cables cruzados entre ellos que iban y venían por todas partes, cables de líneas telefónicas y cables de electricidad. Los truenos y relámpagos amenazaban con destruir todo de un solo golpe. La ciudad estaba completamente mojada y abandonada desde hace varios días, tal vez triste y luego enojada,  y sus habitantes muy inquietos, aunque no lo querían confesar.

Yo estaba afuera, en el balcón de un apartamento. Había tenido extrañas premoniciones sobre el fin del mundo que en ese momento me parecía verificar.Una señora en el balcón de junto salió a observar los cables también. Era una mujer muy corpulenta y llevaba puesto un camisón blanco con rayas azules. Estaba fumando. "¿Usted también lo está percibiendo, verdad?” Me dijo después de un rato, entre una fumada y otra.


-    ¿Qué cosa? - le respondí, porque, por miedo a verlas realizarse, no quería confesar mis sensaciones.

-    El fin. Algo va a pasar, estoy segura, un cambio de dimensión o algo así. El cielo se está abriendo. Es como la tapa de la cabeza de una ciudad que también tiene brazos y manos y que con sus dedos va a sacar, uno por uno, a sus falsos habitantes. ¿Usted es de aquí?

-    No - le dije-, seguramente yo seré de los que tendrán que irse. De cualquier forma siento que ya no me queda nada que hacer aquí. - Me acerqué más a la señora y, casi en el oído, le confesé: - Además creo que me  persiguen.

-    En ese caso me despido de usted y le deseo que tenga un muy buen viaje.
   
La señora del pijama a rayas lanzó el cigarro por el balcón y se fue a dormir.
   
Yo no tenía sueño. Desde que había comenzado esta tormenta, no había podido dormir bien. Entre un sueño y otro me pasaba que abría los ojos y, sin entender bien si estaba dormido o despierto, solo o acompañado, me bastaba imaginar que tres anillos de oro gigantes estrechaban mi cuerpo, y enseguida me sentía más protegido; solo así  había podido conciliar el sueño.
    
Ahora estaba en el balcón, mirando afuera, porque dentro ya no se podía estar. Respiraba el aire frío y, en vez de tristeza, comencé a sentir enojo, ganas de echarme a correr.
   
Un segundo después estaba en la calle, corriendo bajo la lluvia con unos  zapatos de colores japoneses. De pronto unos seres que yo había estado monitoreando por las noches y que sentía como malignos me devoraron y me hicieron perder el conocimiento.

miércoles, 9 de junio de 2010

Atardece en la ciudad color de plomo


 
Atardece en la ciudad color de plomo.

El aire contiene una especie de calor gris, la atmósfera está en una caja y por alguna parte algo se evapora.

Arriba, el cielo no se puede ver. Alguien asoma una mano gigante y, en la zona en la que todos estamos esperando el tram, deja caer una tableta blanca de algo efervescente.

Yo sigo inmóvil, con las piernas bien paradas y los brazos bien extendidos, sosteniendo con las dos manos un portafolio finísimo de piel. El portafolio es rojo, o violeta, pero aquí no se deja ver más que viejo y marrón.

Arriba, las últimas burbujas ya se van disipando.

Abajo, los niños intentan regresar a casa. Pero no pueden.

Sus cuerpos están hechos como de tubitos. Sus cabezas y manos son extremadamente grandes. Arrastran sin fuerza sus bolsas de la escuela. Tienen los ojos rojos clavados para siempre en las pantallas diminutas de sus teléfonos celulares.

Abajo, se oye el canto de una ballena gorda que ensordece todo, QUE ENSORDECE TODO, y la gente se echa para atrás.

Finalmente me subo a mi tram y dejo a los niños en una especie de más allá.

viernes, 5 de febrero de 2010

Death walks behind you

 


... Y yo camino detrás de ella
amenaza de vida
muerte de la muerte...

lunes, 25 de enero de 2010

Impotencia.


 
 
"... no voy a hacer el camino universitario porque el estudio universitario es la muerte del arte. Los museos y los estudios universitarios son la muerte del arte. Entonces me voy a ir a hacer el arte, que después me metan de momia en un museo, ya vendrá... pero yo no voy a meter a nadie en un museo." Alejandro Jodorowsky


Sobre el autobús, un grupo de jóvenes vestidos con prendas a la moda y de apariencia relativamente costosa están conversando junto a mí. Son tres jóvenes que, a juzgar por la conversación que entretienen, no son mayores de edad. Uno de ellos escucha y observa hacia todos lados, discretamente, con cara de no saber qué pensar, qué hacer, qué decidir; los otros dos, que por el ángulo en donde están parados no me pueden ver, hablan entre ellos. Uno dice:

- ¿Conoces a Islan?
- Sí, es uno robusto.
- Sí, pero creo que todavía no tiene 18 años, es uno que siempre anda paseando por el centro.
- Sí.
- Sí, yo con él salgo seguido. Es uno que va paseando por el centro y toma el dinero.

Imaginé a Islan, un chico fresco como los del autobús (pues fresco es el adjetivo exacto para describir la apariencia general de éstos, más, viéndolos bien, no la mirada), paseando por el centro, encontrando un cajero automático y tomando el dinero. Luego de algunos segundos entendí que tomar así el dinero no era algo que pudiera ser parte de la conversación de estos chicos. Islan pues tomaba el dinero porque lo robaba; paseaba, no por pasear, sino para robar dinero.

Antes, uno de los dos que participaban en la conversación, había dicho que se iría de casa, porque le estaban pidiendo dinero.

- ¿Vas a casa ahora?
- No, aún no. ¿Tú?
- No, tampoco.

Y se saludan y se separan.

Un poco más adelante se encuentra la Universidad. Estos chicos del autobús nunca irán a la Universidad. Parece que no saben que existe; la Universidad tampoco parece no saber que ellos existen. Desde hace más de 10 años frecuento casi sin interés las universidades: veo que las cosas cambian poco. Los estudiantes universitarios se creen en un ambiente cultural libre; sus uniformes son los mismos en todas partes del mundo: apariencia descuidada, accesorios étnicos y playeras del Che Guevara en varios colores. Esa imagen del Che Guevara se ha "iconizado" demasiado, casi como la del payaso de McDonalds. Los vendedores extra comunitarios lo saben bien y le han sacado partido al mercado. Yo aún no logro sacarle partido a la Universidad.

miércoles, 20 de enero de 2010

Nueva eternidad cinética.


 
 
Escribí este texto hace un par de años; le tengo un cariño especial.
  

Tengo un sueño recurrente: Marcello Mastroianni me persigue en blanco y negro. Los faros de su automóvil me disparan chorros de luz tensa que me cortan la espalda, una y otra vez, por todas partes, y no puedo escapar. Es una angustia dinámica que cada noche se vuelve más veloz y llego a desear más.
 
Por la mañana me despierto y salgo a la calle real. Ese entorno que veía antes, el de mis días cotidianos, ya no está; porque ya no está la vida monótona que solía llevar. Ahora veo cada cosa sin límites, sin definición, como si todo estuviera roto. He perdido mi empleo y ahora el Estado me da una pensión: me han declarado minusválida por problemas de visión.

A Marcello, en cambio, y a su automóvil, los veo clarísimos. La imagen es nítida y posee una inteligencia capaz de mantener la unidad que falta en la realidad. El andar del automóvil es siempre contínuo, como una línea recta y flexible que jamás se acaba. Parece una nueva eternidad artificial, sin inicio y sin fin: un olvido o pérdida casi voluntaria del inicio y una necedad que niega el fin.
  
Marcello conduce sobre la pantalla de izquierda a derecha, una y otra vez. Yo lo veo así, a pedazos, pero sé que se trata de una sola y eterna acción. Me dice que me ama, solo porque no me encuentra, pero yo estoy ahí detrás, y lo escucho sin que se dé cuenta. Lloro porque aquí en el film hasta el amor más absurdo brota improvisamente, eterno y definido. El reconocimiento de lo imposible me aparece en plena consciencia y la melancolía habitual, el malestar, eso que siento y que no sé si es dolor, se vuelve placer.

lunes, 18 de enero de 2010

Suspense ante una vida en la que no pasa nada.




Algo me detiene, me defiende de moverme en el mundo real, en donde está la gente. Apenas intento regresar, luego de largos escondites, me siento culpable: ¿culpable por regresar o por haberme ido?

Aquello que yo era una vez, que creí ser, ya no es. Ninguna fuerza hay en mí, solo debilidad, flacidez, falta de vitalidad. No diría aún fragilidad, pero sí, tal vez, insensibilidad y preocupación que veo muy lejanas, como en una pantalla de cine que corre, pero cuyo movimiento me da igual.

Y no es que quiera que pase algo, quiero solo armonía, y que los fantasmas me dejen en paz. Una nueva faceta, una nueva personalidad (¿soy un motor de búsqueda?) se me está formando, siento ya que está llegando: es esa personalidad que se me quedó truncada hace mucho tiempo, cuando era muy pequeña y no necesitaba ser fuerte. Esa fuerza, la que me vino después, creo que no es mía: fue de la necesidad y pronto la tendré que despedir. ¿No será que me duele desprenderme de ella?

martes, 15 de diciembre de 2009

Gracias.




Es muy breve mi tiempo en este mundo de blogs, aún así ya he recibido mucha generosidad de parte de todos los que he encontrado. Mi vida es todavía una esfera incierta, sin embargo, gracias a este pequeño espacio virtual, estoy perdiendo muchos miedos y hoy soy más feliz.
Con todas mis fuerzas deseo, para cada uno de los que me habeis leído, siempre, muchisimo Amor.

Ahora tengo que participar en este juego del cachito de la lotería que ya me llegó dos veces, de Dama Blanca y de Champy. Si no había querido hacer el post es porque aún no sé bien cómo hacer los enlaces. Pero ahora aprendo; vale la pena intentarlo, sino rompería energéticamente la cadena. Como son 5 las personas a las que tengo que invitar, y un criterio de selección tengo que escoger, lo mando a mis paisanos mexicanos:

Marichuy
Gab
fille de la nuit
Mauvenom
Etarinyeth

A

martes, 8 de diciembre de 2009

El esteticista de la Galleria Subalpina



En una esquina de la Piazza Castello se encuentra la Galleria Subalpina y, dentro de ésta, el Cinema Romano. De un lado está el Cinema Romano y del otro una escalera prohibida. Es uno de los lugares más elegantes e históricos de Torino. Cuando uno se encuentra ahí cerca, siente un inexplicable, irrefrenable, deseo de subir por esas escaleras prohibidas.

Se dice que en el piso superior del edificio hay una especie de clínica de belleza de lo más exclusiva, de lo más escondida. Un solo esteticista está a su cargo, y nunca más de un cliente a la vez es admitido. Henry, el esteticista, no tiene peso, ni olor, ni edad, ni emociones violentas. Cuando habla, su voz no tiene sonido. El mobiliario de su clínica es todo negro; hay una luz muy tenue y mucho cristal alrededor.

A pesar de que Henry empezó su carrera tradicionalmente con un pequeño kit de tijeras de oro que le diera como regalo su maestra, hoy la estética que practica es completamente trascendental. Gracias a la maestra Bertita, que a pesar de los años opera todavía  en su clínica de la calle Schiller en Polanco en la Ciudad de México, Henry pudo desarrollar con toda libertad su arte. "Después de todo, -le dijo Bertita-, cada quien tiene que volverse el propio metainstrumento a partir del cual funcionen los instrumentos ya existentes". Luego le dio un beso y le entregó el kit con las tijeras de oro.

Normalmente, y sin necesidad de hacer citas, Henry te espera en el piso superior del Cinema Romano. Lleva siempre puesta una bata de seda negra y unas pantuflas iguales. Esto no es un pijama sino un uniforme de trabajo. Aunque efectivamente Henry te recibe siempre tarde pues hay que pasar ahí la noche. Te abre la puerta y te conduce directamente a una habitación. Ahí te deja esperando. Tú te miras en el espejo mientras escuchas afuera como él se prepara un café. Luego notas que no viene. Te asomas y ves que está sentado en el diván del salón con un libro en la mano leyendo. Y entonces te preguntas qué haces ahí, si ese lugar, que más bien parece un apartamento, es en verdad una clínica, si ese hombre en pijama es en verdad un esteticista. Si no es un gigolò. Si no te lo recomendaron tus amigas. Pero tu no tienes amigas. Ibas caminando sola por la plaza cuando te acercaste al cine, que querías ver la película de Almodóvar, pero no pudiste ni siquiera distinguir en donde estaba la puerta, en donde estaba la taquilla, en donde estaba la gente, que ya te estabas yendo con la mirada y luego con los pies por esas escaleras prohibidas.

Mientras esperas y te miras en el espejo, una luz que proviene de una pieza al interior de la pieza se enciende. Te levantas y vas a ver qué hay ahí. Es un vestidor. Es un vestidor con cristales, con rejas de cristales, de cristales puntiagudos, que defienden, prohíben el contacto con los trajes completos hechos de tu piel zurcida y embalsamada. Varios trajes de tu piel desprendida están expuestos en este museo de cristal que no puedes tocar. Y tú ni te acuerdas. Crees que eres tú misma, varias veces tú misma, que te tienen prisionera. Y entonces se te va el aire, quieres gritar pero no tienes aire. Te estás sofocando. Hay que sacarte de ahí.

Henry se presenta con el kit de las tijeras de oro apoyado en un cojín de seda negro. Te da la mano y te conduce frente al espejo en el que antes te estabas mirando. Te miras de nuevo. Te estabas sofocando. Hay que sacarte de ahí, hay que sacar el grito de ahí. Coges las tijeras que Henry te ofrece y comienzas a cortarte el traje desde las manos, todo alrededor de los brazos, de los costados, de las piernas, de los pies. No hay sangre, ni dolor, pero es muy difícil mantenerse despierta y terminar de cortar y desprender el traje. A la vez es imposible no hacerlo una vez que se ha iniciado. Uno siente un inexplicable, irrefrenable, deseo de subir por las escaleras prohibidas.

Cuando terminas de cortar, te pones de pie. Te sientes más pequeña que nunca. Te desprendes la parte anterior del traje y se la das a Henry, que la cuelga en una percha especial, y luego la parte posterior. Lentamente caminas hacia la cama. Henry te abre las cobijas blancas y tú te acomodas ahí. Finalmente te cubre y tú te quedas dormida.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Conversaciones con un informático.


Dostoievski

 

"Aumentaremos la capacidad de nuestra memoria, seremos capaces de almacenarla en dispositivos móviles. Seremos capaces de conectarnos a dispositivos móviles. De este modo nos volveremos inmortales. Cambiaremos de cuerpo y seremos inmortales. Usaremos cuerpos vacíos, o vaciados, a los cuales conectaremos nuestra memoria almacenada, y seremos inmortales", me dijo un informático.

Yo le pregunté si se podía escribir un programa que codificara y decodificara la actividad onírica y generara imágenes de nuestros sueños sobre la pantalla del ordenador. Me dijo que no.

Un ordenador jamás será más inteligente que un hombre, le dije. Le pregunté si se podía volver loco un ordenador. Me dijo que sí, que se bloqueaba. Yo pensé entonces que Dostoievski no se había bloqueado cuando escribió Crimen y castigo.

Un ordenador jamás será más inteligente que un hombre. Un ordenador jamás hará literatura.

jueves, 26 de noviembre de 2009

8.




Ayer soñé con mi abuela, hace mucho que no la veía. Salía su rostro de un antro muy oscuro y entonces veía cómo el tiempo se lo había deformado. Formas redondas que antes no estaban ahí le brotaban de la barbilla de las mejillas y de la frente. También su maquillaje se había vuelto redondo, en especial el de los ojos. Su mirada era más dura que nunca, el arco de sus cejas más puntiagudo que nunca, los colores, rojos, como los de un payaso que se me hechaba encima. Y es que mi abuela es alta y pesada y yo baja y diminuta y cuando me habla doblo las rodillas hacia atrás. En el sueño me habló, y le salió una voz masculina, pero sobre todo sintetizada y, por lo mismo, retardada. Entonces me le acerqué a los ojos, la miré directamente, ya sin temor, para descubrir lo que le estaba pasando. Era importante descubrir lo que le estaba pasando. Para advertir a mi mamá. La abuela se dio cuenta, entonces echó los ojos para atrás y giró todo su cuerpo para no dejarse ver. No es la primera vez que se gira para no dejarse ver, también lo hace cuando encuentra gente que no quiere saludar. Cuando la cosa no es casual y uno la encuentra porque ha ido a buscarla, es imposible entonces que se gire y se pierda de vista en su antro oscuro. El antro oscuro es el lugar en donde trabaja. La abuela trabaja todavía, es divorciada y se maquilla mucho, pero no fuma y tampoco bebe. Es adicta sin embargo a varios fármacos, aunque no al nivel de Michael Jackson. Le miré por última vez esa nueva estructura craneal y pensé que estaba muriendo, que debía avisar a mamá.

sábado, 21 de noviembre de 2009

7.


Trinity - Pharmacology, Physiology, Pathology  2000
Damien Hirst
Tate Collection


Dentro de mí, en la boca del estomago, algo se mueve y quiere salir. Es como un conjunto de burbujas duras que se me inflan, pero no sé de qué, y luego desaparecen, sin reventarse, no sé porqué.

Mi figura está sentada en la barra de un bar cualquiera; estoy tomando un café. Las burbujas siguen su curso, pero nadie se da cuenta, solo yo lo sé.

Cierro los ojos y gusto el sabor amargo del café que unto sobre mi lengua; desde hace tiempo, este ejercicio de un segundo es lo único que me amarra a la tierra, tal vez no a mí, sino a todos los demás objetos representados en mi mente. Es como si me confundiera a mí misma con los conceptos de mi mente, no con los conceptos de mí misma, no con la mente misma.

Pero luego las burbujas ya no están. Las he perdido de vista. La gente y los instantes se empiezan a multiplicar en el mismo espacio de antes. El ruido. La luces se van volviendo rosas y yo las voy percibiendo tan solo pixel por pixel, veloces ellos también, que no acabo de asimilar el uno cuando ya se me va echando encima el otro, como acuarelas digitales en espacios tridimensionales que, sobrepuestas, van eliminando la transparencia, el paso del oxigeno. Y la gente pasa, y mi taza sigue ahí en mi mano, pero luego ya no, porque solita se le avienta a alguien y luego a alguien más y luego el plato y luego el vaso y todo aquello que llego a alcanzar a todo aquel que llega a pasar.

Un poco me siento mal. Bajo del banco y salgo del bar.  Afuera todo es verde, y también blanco, como en una jornada sin sol en Paris. Y es que no llego a entender las burbujas de mi miedo de mi estomago porque a la gente no logro aprehender.

martes, 17 de noviembre de 2009

6.




Son varios días los que he pasado sin atar significados los unos a los otros. Solo movimientos de ritmos inciertos hay en mi cuerpo; solo un cuerpo tengo, que tal vez está vacío. Pero ya un humo violeta veo expandirse como un gas hacia las paredes internas del cilindro que es mi tronco- prisión. Una escalera en forma de caracol creo entrever. El humo se vuelve amarillo y el cilindro una discoteca. El tiempo es el de mis 15 años, mi imagen, la de una princesa que nunca fui.
Y eso es lo que me está pasando últimamente: veo imágenes de mí misma que mías no son, porque solo movimientos de ritmos inciertos hay en mi cuerpo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Te estaba esperando




Te estaba esperando Mateo, Mateo el viajero. Ya tenía yo los ojos cegados por ese sol, por ese eterno andar sin dirección  de la misma o de distintas lagartijas, cuando vi volar una mariposa, que era como esas mariposas de antes que ya ni recordaba, turquesa y violeta como las guitarras de los niños; y fue por eso que entendí que ya venías.
 
Te estaba así esperando Mateo, Mateo el triste, con este desierto inmenso por delante que es ahora mi patria, y mi prisión. Y es que nos ha dejado así, abandonados, el Tiempo: ya no hay viento que silbe o agua que corra; queda sólo la lagartija- ilusión que se repite en la arena dura, y el calor sin fuego que me condena sin cesar.

¿Lo sientes tu también, Mateo, el calor? Debimos haber sido culpables por igual para que se nos condenara al mismo calor. Veo que sufres de la misma hinchazón de pies y de ojos que me aqueja aquí, o tal vez es que estos ojos míos ya no ven más que un mundo hinchado, contenido y a punto de explotar. Ya te acostumbrarás, Mateo, al calor, porque te digo yo que éste no existe, y empezarás a desear cada vez más los baños calientes que te prepararé dentro de estas bañeras públicas, que son lo único que hay por aquí: estos baños son mi templo, y en mi templo la diosa soy yo.

Ven Mateo, debes tener hambre si has caminado todo el día. Recuerdo bien ese olor a pollo rostizado, a papas fritas con romero, a salchichas a las brazas, a calabazas, a manzanas, a limones y pasteles de almendras con cerezas y peras horneadas. Y el chocolate. Ven Mateo, Mateo hambriento, entra a mi humilde casa y deja que te lave los pies y te ofrezca donde reposar. Aquí no hay alimento.

Lo sé que estás ya recordando el frío Mateo, Mateo el nuevo, que lo estás sintiendo, que te estás volviendo casi azul; que deseas ya entrar en el agua caliente y para siempre dormir y evaporarte más allá de donde es posible ir. Lo sé Mateo, Mateo el inocente, que aún sigues creyendo, que aún tienes fe. Yo también sigo creyendo; yo también tengo fe.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Recuerdos de Sicilia


Hace algunos años, cuando le perdí el miedo al mar

DESDE DENTRO

Sólo un muro blanco
Sucio
De cemento
Y un piquete grueso
De animal
Que me rasca la panza
Desde dentro
En esta reciente
Nueva
existencia matutina.

Esa guitarra
Chueca de familia
Con las cuerdas rizadas
Como antenas receptoras
De la nada
No es un instrumento musical.

Es mi nueva
Casi peluda
Mascota,
Esa caja de madera
Generosa
Sin patas
Que duerme con mi osito de peluche.

Somos todos
Una familia de cosas
En este cubo inútil
Y sin tiempo
Desde dentro del muro
Sucio
De cemento.

**

LA OCTAVA RESTANTE PATA

Sobre la arena roja se arrastra la pata
De la sombra de una tarántula corta
Cuya garganta se le seca abierta
Y le raspa como grappa frita
De botella que le calienta
La octava restante pata
Lejana de la vista
De cualquier turista
O buen artista
Que la asista
insista
muerta.

**

APAGÓN

Dos dedos aplastan las bolas de mi garganta
Un gigante me quiere exprimir
Como a una pobre uva ganadora
De un premio de prestigio del año 2004.

Echo la cabeza hacia atrás.
Abro el cuello como una puertecita.
El gigante pierde el mérito.
Mis ojos y mis cables se me van.

**

LA ESTACIÓN MARINA (traducido del italiano)

Entre sucios y viejos vestidos de viaje
Una señora se resbala de mi mano;
El aire gris y nostálgico me envuelve
Y con algunas lágrimas que me reconfortan
Un grito negro cierra mi ciudad.

Fantasmas desnudos en el agua
Vuelan grotescos y sensuales
Como humo voraz de un rojo ideal
que se pierde en danzas paganas
y saca de nuestros ojos la luz vital

Surge el Tiempo: barba y pectorales.
Ruge y se infla furioso.
Me quiere golpear, me quiere matar.
Abre la carne y chorrea leche.
El Tiempo en llamas desaparece.

Cae un niño seco sobre el metal.
Muere otro niño verde vomitando.
Los ojos vacíos ven el fondo azul:
Es peligroso estar solos
Dormiremos los unos sobre los otros.

Cuerpos infantiles suspendidos
Duermen ahogados en sus propias lágrimas.
Se me aparece la Madre en un sueño
Y con los brazos abiertos me alejo
De la triste estación marina.

martes, 10 de noviembre de 2009

Palpitante azul

Comienza a chispear sobre una calle del centro, en un atardecer sucio de invierno.
Un hombre con capa y sombrero tiene una jaula con un pájaro amarillo en una mano y, en la otra, un altoparlante de circo con el que nos va llevando dentro por una puertecita verde, baja y estrecha. En esta escena no hay colores ni sonidos, solo un azul extraño que se mueve al ritmo de algo pero no alcanza a fijarse en ninguna parte.

Dentro hay una exposición de arte muy elegante. Ya el lugar está lleno y no cabemos todos. Hace frío. Dentro es solo una maqueta blanca y cuadrada con muñequitos que somos nosotros. El ritmo del azul es el del ruido de la gente; no escucho nada pero lo mismo se me interrumpe. 1000 muñequitos más se añaden y 1000 pedazos de espacio se quitan en 1000 fragmentos de tiempo que ocurren en un instante. La velocidad se concentra y yo me voy volviendo mala. Un organigrama gigante estampado en una pared blanca es la obra de arte, pero nadie la entiende. Y a nadie le importa. Yo no llevo mis lentes y no alcanzo a leer lo que está escrito en cada espacio. Muchas palabras están escritas en todos los cubículos de ese espacio blanco; el resto son líneas negras trazadas sobre el muro, proyecciones de diapositivas vacías y marcos para retratos sin fotos.

Ese arte me hace mal, me vuelve mala. Todo gira alrededor del alrededor. Las siluetas de la gente se engrandecen y se me echan encima: la del artista, la de mi padre, la del buen gusto, la de la cadencia de las voces de la tontería y la belleza, de la arbitrariedad de la belleza, del dominio de la belleza, de la belleza institucionalizada, inmovilizada. Y yo me siento más sola que nunca y me vuelvo mala y quiero quitarme a todos de encima y clavarles un puñal de arriba abajo y desangrarlos y pintar las paredes del azul sanguíneo del grito que se me está saliendo. Pero es a mí a quien abren y el corazón se me sale disparado por la ventana.

Camino sobre la calle que va al centro, en la noche mojada de invierno. Encuentro un corazón tirado que es el mio, lo recojo y le quito el polvo de encima. Veo que no le ha pasado nada. Me abro el pecho y me lo acomodo de nuevo, palpitante y azul.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Under construction






Mi deseo de eliminar la elaboración me llevó a una necesidad de elaboración.

I am under construction.

Attendere prego ...